LAS IMÁGENES ESTEREOSCÓPICAS
Cuando observamos el campo visual, el cerebro recibe dos imágenes distintas de lo contemplado, una por cada ojo. Como los ojos están ligeramente separados por unos centímetros, las dos imágenes son también ligera pero significativamente diferentes.
Basta cerrar los ojos alternativamente para comprobar que los objetos más cercanos ocultan, en todo o en parte, a los más alejados. Esta ocultación parcial de los objetos más alejados es distinta según el ojo con el que se mire o cuando el observador se encuentra en movimiento.
Las dos imágenes que recibimos son procesadas por nuestro cerebro, que atribuye parámetros de distancias a las disparidades que aprecia entre ambas.
Esto es ver en relieve.
Cuando tomamos una fotografía, sólo lo hacemos desde un punto de vista, el del ojo derecho o el del izquierdo. Es claro, por tanto, que para obtener un panorama en tres dimensiones serán precisas dos fotografías de ese objeto tomadas desde distinto punto de vista.
Después, se necesita una técnica que envíe las dos imágenes, separadamente, al cerebro, una por cada ojo. Esto se consigue de varias formas, una de las cuales es la de los Anaglifos.
Un anaglifo es la suma de dos imágenes (los dos puntos de vista aludidos).
De las dos imágenes que constituyen el anaglifo, una de ellas está tintada de color cian, la otra de color rojo (pueden utilizarse otras combinaciones de colores complementarios).
La imagen resultante es contemplada a través de unas gafas con filtros rojo/cian
La imagen roja es sólo percibida a través del filtro color cian (el filtro rojo anula las frecuencias rojas). Y la imagen tintada de color cian sólo es percibida a través del filtro rojo.
De este modo conseguimos que lleguen a nuestro cerebro los dos puntos de vista necesarios para ver en relieve, pero, como en la realidad, uno por cada ojo. De este modo percibimos una imagen tridimensional donde, sin las gafas, sólo vemos, de una forma confusa, dos imágenes planas unidas en una sola.
Resulta obvio que no es posible ver en tres dimensiones una pintura, un cuadro, una ilustración o una fotografía ya tomada (sea ésta de hace un mes o de hace treinta años). En efecto, sólo disponemos de un punto de vista y, por mucho que nos desplacemos, los objetos de la imagen permanecerán inmóviles y no irán ocultando a los que se encuentran tras ellos.
Pero existe un arte, extremadamente laborioso, que permite ver en tres dimensiones cualquier imagen (o casi cualquiera; todo es cuestión del tiempo que dediquemos a ello).
En efecto, al no poseer más que la imagen desde un punto de vista, necesitamos el otro.
La conversión a 3D consiste, precisamente, en duplicar esa única imagen e ir convirtiendo el duplicado en ”la imagen que debería ver el otro ojo”.
Una vez obtenida ésta (una tarea de horas o de días) tenemos ya los dos puntos de vista. Ahora sólo es preciso enviarlos separadamente al cerebro mediante diversas técnicas (una de ellas, los anaglifos).
La web www.pedromontero.com está dedicada íntegramente a conversiones de imágenes planas en imágenes tridimensionales. En ella puede verse, además de conversiones de fotografías de José Luis Armentia, cerca de 500 imágenes en relieve de, por ejemplo, estrellas de cine clásico que nunca fueron fotografiadas en tres dimensiones; panoramas del cosmos; imágenes de películas famosas; obras maestras de la pintura convertidas a 3D (Las Meninas, El entierro del Conde de Orgaz, etc) y toda una miscelánea, que puede ser contemplada mediante gafas para anaglifos o a ojo desnudo, mediante las técnicas que se explican en la sección “Ayuda” de su página principal.